Rupturas

Ballester es un fotógrafo contemporáneo en el exacto sentido que Giorgio Agamben adjudica a “aquel que recibe en pleno rostro el haz de tiniebla que proviene de su tiempo”. Formula su discurso aunando lo sensible y lo inteligible a través de imágenes que se asientan sobre la fractura, sobre una interrogación liminar entre el pasado y el presente.

Las tinieblas, las rectas y las curvas que nos presenta en los territorios vacíos permiten vislumbrar metáforas que entremezclan las realidades allí vividas y nuestra propia imaginación. Las texturas encarnan no sólo lo cimentado y palpado, sino también, lo susurrado y lo gritado; dotan así a la ruina de los tiempos, de las huellas fantasmáticas de los acontecimientos acaecidos y, también, de su derrumbe. Sus fotografías, entonces, nos informan sobre sus sombras. La espectralidad comienza cuando todo ha terminado y, convierte a quien invade la morada, en un investigador que busca hallazgos; condición, por otra parte, ontológica de la fotografía.

El encuadre es el primer recurso de restricción de la información. El ojo mira y la cámara se encarga de almacenar lo que la vista observa. El acontecimiento ya no está en su lugar de origen, está resguardado, a través de la mirada, en la cámara. El gesto del encuadre incluye pues el riesgo, el peligro de mostrarle al otro una subjetiva visión del suceso. Sus elecciones formales y significantes resultan así un acto de resistencia que despliega en el presente la memoria ya que la ruina conforma la evocación y la ingresa en la historia. Sus fotografías condensan una multiplicidad de gestos que representan el momento pasado y el actual.

Vista la enunciación como una urdimbre entre la referencia a lo externo y su materialización a través de una interioridad, Rupturas visibiliza, de este modo, a un autor que concierta los aspectos documentales con el dominio de la experiencia estética. Justamente, desde su narrativa, Ballester convoca a una pensatividad que surge de indeterminaciones, pliegues y tensiones entre lo dicho y lo no dicho. Anida, al mismo tiempo, una mirada hacia el futuro, un atisbo hacia el devenir.

Alejandra Niedermaier